El Puerto donde cada temporada tiene un sabor
Desde temprano, las embarcaciones comienzan a dibujar su recorrido sobre las aguas del Alto Golfo de California, mientras en tierra el puerto despierta entre el movimiento de los pescadores, los aromas de las cocinas y una actividad que durante generaciones ha marcado el ritmo de San Felipe. Es en ese ir y venir donde comienza una de las historias más importantes del destino: la de una comunidad que aprendió a conocer las mareas, distinguir las temporadas y reconocer en cada especie una parte de la riqueza de las aguas que tiene frente a casa.
Esa tradición pesquera se puede seguir a través de los productos que han dado identidad a la gastronomía local, desde el camarón azul, uno de los grandes emblemas de San Felipe, hasta la corvina golfina y las almejas que aparecen en distintas épocas del año, cada una con sus propios tiempos, preparaciones y celebraciones. El Festival del Camarón, el Festival de la Curvina y el Festival de la Almeja mantienen viva esta relación, reuniendo a la comunidad alrededor de sabores que no podrían entenderse sin la historia de quienes los llevan del mar a la cocina.
El camarón azul tiene una conexión particularmente estrecha con la vocación pesquera del puerto; su presencia en la gastronomía local habla de los años en que la pesca se convirtió en una de las principales actividades de San Felipe y, al mismo tiempo, de una tradición que continúa encontrando nuevas formas de celebrarse. Cada edición del Festival del Camarón es una oportunidad para reconocer ese legado y descubrir distintas maneras de disfrutar uno de los productos que mejor representan la identidad del destino: el sabor que nació de la pesca.
La corvina golfina, en cambio, obliga a mirar el calendario del Golfo, porque sus ciclos reproductivos y las condiciones del Alto Golfo determinan sus temporadas, haciendo que su llegada tenga un significado especial para quienes conocen estas aguas. Cuando llega su momento, la especie ocupa también un lugar en las cocinas y en las celebraciones de San Felipe, donde el Festival de la Curvina convierte ese vínculo con el mar en una experiencia gastronómica alrededor de el pez que sigue el ritmo del Golfo.
Y mientras algunas especies llegan a la mesa, otras recuerdan todo lo que existe detrás de ese paisaje. La totoaba, endémica del Alto Golfo de California y presente de manera natural únicamente en esta región, forma parte de la historia pesquera que acompañó el crecimiento de San Felipe; su pasado, marcado por una intensa explotación y posteriormente por los esfuerzos de conservación, permite entender que la riqueza del Golfo también implica una responsabilidad con el ecosistema que sostiene a la comunidad.
En ese mismo territorio vive la vaquita marina, también endémica de México y reconocida como el mamífero marino más pequeño del mundo, cuyo hábitat se encuentra en el Alto Golfo. Su presencia añade una dimensión especial a cualquier recorrido por San Felipe, porque detrás de las aguas cálidas, las playas y las embarcaciones existe un ecosistema excepcional, hogar de especies que no se encuentran en ningún otro sitio del planeta y que forman parte de la identidad natural de esta región.
La cocina vuelve a poner esa riqueza al alcance de los sentidos, especialmente en preparaciones como el ceviche de pescado o camarón, donde la frescura del producto permite imaginar el recorrido que comenzó unas horas antes en el mar. Algo parecido sucede con las almejas, aunque en este caso el encuentro comienza mucho antes de la cocina: primero hay que encontrarlas y después descubrir su sabor, una tradición que también tiene su propio espacio en el Festival de la Almeja y que demuestra cómo los productos del Golfo han construido una cultura gastronómica propia.
Con la corvina, además, la mesa sigue las temporadas y cambia conforme cambia el mar; hay sabores que solo aparecen cuando las condiciones son las adecuadas, haciendo que cada época del año tenga algo distinto que ofrecer. Esa relación entre naturaleza y cocina es parte del encanto de San Felipe, donde conocer la gastronomía también significa comprender los ciclos de las aguas y la manera en que los pescadores han aprendido a convivir con ellos.
Entre las historias que terminaron encontrando un nuevo hogar frente al Golfo está la de Alfredo Bellinghieri Conti, chef de origen italiano y naturalizado mexicano, quien había alcanzado reconocimiento en Ciudad de México gracias a su versión de la Fettuccine Alfredo, servida en un restaurante de la Zona Rosa frecuentado por políticos, artistas y celebridades. En 1988, junto con su esposa y sus hijos, llegó a San Felipe, adquirió una antigua hacienda y la convirtió en el Hotel Las Palmas, dando inicio a una etapa en la que la pesca, la cocina y la convivencia familiar ocuparon un lugar central.
El mar terminó incorporándose también a aquella historia culinaria: Alfredo disfrutaba salir a pescar, cocinar y recibir a familiares y amigos, mientras la receta que lo había hecho conocido en la capital encontraba un nuevo escenario frente al Golfo. Su legado permanece hoy a través de su hija, la chef Palma Bellinghieri Anbar, quien continúa la tradición en Alfredo Restaurant at Las Palmas Hotel, donde la receta familiar convive con mariscos y productos de la región.
Para conocer esa relación con el mar también es posible salir de la mesa y subir a una lancha o un velero, recorriendo un paisaje donde el desierto y las montañas se encuentran con el Golfo; quienes buscan una experiencia más activa pueden hacerlo mediante la pesca deportiva, acompañados por guías y pescadores locales que comparten el conocimiento de las especies, las temporadas y las zonas que han formado parte de su vida.
El agua también puede explorarse en kayak o paddleboard, entre temperaturas cálidas y grandes variaciones de marea que modifican constantemente el paisaje, mientras el atardecer ofrece otra perspectiva del puerto: el desierto cambia de color, las montañas se recortan sobre el horizonte y el Golfo se extiende frente a San Felipe, envolviendo el paisaje en una última escena que reúne naturaleza, aventura y tranquilidad.
Así se entiende que la relación de San Felipe con el mar va mucho más allá de la pesca o de la gastronomía; está presente en la memoria de sus familias, en los productos que llegan a sus cocinas, en las especies que habitan sus aguas y en las experiencias que permiten descubrir el territorio desde dentro. San Felipe es para ti cuando quieres conocer Baja California siguiendo el hilo de una historia que conecta el paisaje con sus sabores.
