octubre 5, 2026

El lago de los cisnes regresa al Auditorio Nacional con una mirada humana

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El lago de los cisnes llega al Auditorio Nacional bajo la mirada humana y emotiva del coreógrafo Cuauhtémoc Nájera.

Un escenario monumental en la CDMX abre sus puertas para recibir una de las obras más emblemáticas de la danza universal. El lago de los cisnes regresa al Auditorio Nacional para recordarnos la vigencia de los grandes clásicos.

La historia del príncipe Sigfrido y Odette —la joven víctima de un hechizo que la condena a vivir como ave— toma nueva vida bajo la visión de Cuauhtémoc Nájera, codirector y coreógrafo de la Compañía Nacional de Danza (CND).

Para muchas generaciones en la CDMX, hablar de esta obra evoca inmediatamente la icónica escenografía al aire libre en la Isleta de Chapultepec. Sin embargo, su regreso al Auditorio Nacional representa un retorno a sus raíces más puras, permitiendo presentar la obra completa en dos actos y cuatro escenas con una adaptación coreográfica sobre la original de Marius Petipa y Lev Ivanov.

“Aunque para nosotros sea nuevo hacer la obra en el formato teatral, en realidad esa es la configuración original hecha para un teatro”, explica Nájera en entrevista para Chilango.

 “Tenía una magia especial hacerla en Chapultepec por la experiencia de estar al aire libre en medio del bosque, pero llegar a un espacio masivo como el Auditorio nos permite mostrar la obra completa y alcanzar a nuevas generaciones”, agrega.

Solistas y bailarines ejecutan saltos sincronizados con ballestas durante una de las escenas dinámicas del montaje.

Reconfigurar la puesta en escena para el coloso de Reforma exigió adaptar la técnica, pero, sobre todo, exigir al máximo a sus ejecutantes en un despliegue sin precedentes. Esta monumental producción reúne en escena a más de 70 bailarines junto a 80 músicos de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, quienes interpretan en vivo la inolvidable partitura de Piotr Ilich Tchaikovsky.

Para los bailarines, la exigencia no es solo técnica, sino también espiritual. “Los personajes principales de El lago de los cisnes tienen una necesidad de profundizar mucho. Se requiere una entrega física de fortaleza tremenda, pero también una entrega emocional brutal que te obliga a explorar mucho quién eres”, detalla el coreógrafo.

Por ello, el núcleo de esta lectura está en conectar con las emociones más puras de sus intérpretes. “Busco destacar el carácter humano de los personajes y no el carácter mágico. Es decir, explorar en su personalidad y en lo que cada uno de ellos es en su parte humana”, explica.

Esa misma búsqueda alcanza su punto más alto en el doble papel de Odette (el cisne blanco) y Odile (el cisne negro), una dicotomía que sintetiza la naturaleza de la obra, la dualidad. El personaje son dos personas diferentes, pero la intérprete es la misma. Habla de la posibilidad de ser nuestro propio héroe y nuestro propio villano.

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