septiembre 18, 2026

La Chinesca: historias y leyendas bajo la ciudad

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¿Qué tienen en común Charlie Chaplin, Rodolfo Valentino, una canción llamada Mexicali Rose y una red de túneles escondida bajo el Centro Histórico? Todos forman parte de las historias que han acompañado a Mexicali a lo largo de más de un siglo, cuando la frontera comenzaba a escribir una de sus épocas más singulares y la ciudad se convertía en punto de encuentro para personajes, viajeros y buscadores de nuevas experiencias.

Para encontrar el principio de esta historia hay que volver a las primeras décadas del siglo XX, cuando Mexicali comenzaba a crecer alrededor de la actividad agrícola, el comercio y el movimiento propio de una ciudad fronteriza. La comunidad china tuvo un papel importante en ese desarrollo y fue construyendo sus propios espacios en el corazón de la ciudad, algunos de ellos bajo tierra, donde el clima extremo del desierto hacía de los sótanos un refugio frente al calor.

Aquellos espacios pronto se convirtieron en mucho más que refugios. Bajo las calles había viviendas, comercios y lugares de reunión que permitían desarrollar una vida cotidiana lejos del intenso calor del exterior, creando poco a poco una ciudad debajo de otra, justo en el corazón de Mexicali.

Arriba, mientras tanto, la frontera vivía una época de contrastes. En 1920 entró en vigor la Ley Seca en Estados Unidos, y la cercanía con California hizo que Mexicali se convirtiera en un destino atractivo para quienes cruzaban en busca de alcohol, casinos, espectáculos y vida nocturna, una combinación que transformó a la ciudad en uno de los puntos de entretenimiento más particulares de la frontera.

Fue así como comenzaron a llegar grandes nombres de la época. Charlie Chaplin, uno de los actores, directores y comediantes más importantes de la historia del cine, visitó Mexicali en 1921 y 1924. En su primera visita fue reconocido por una multitud en plena calle y terminó improvisando frente a quienes se habían acercado a verlo; tres años después regresó como invitado de honor de la Feria del Algodón, donde incluso participó en un pequeño espectáculo durante una corrida de toros.

También Rodolfo Valentino, uno de los grandes ídolos del cine mudo y uno de los primeros galanes internacionales de Hollywood, tuvo una historia particular con Mexicali. En 1922 se casó con Natacha Rambova, actriz, diseñadora y artista, en la residencia de Otto Moller, empresario y figura de la vida social de la frontera en aquellos años.

La presencia de Hollywood no terminó ahí. Buster Keaton, reconocido actor, director y comediante del cine mudo, también estuvo vinculado con las visitas de grandes figuras a Baja California durante esta época, cuando cruzar la frontera podía significar encontrarse con un ambiente completamente distinto al que dejaban atrás.

La ciudad también comenzó a aparecer en la música. La historia local cuenta que el compositor Jack B. Tenney encontró inspiración para Mexicali Rose en una mujer llamada Rosa a quien conoció en el Hotel Imperial, convirtiendo el nombre de la ciudad en parte de una canción que terminaría viajando mucho más allá de la frontera.

En esos años, lugares como El León de Oro formaban parte de la vida nocturna de Mexicali y, de acuerdo con recuerdos y fuentes históricas locales, entre sus visitantes estuvieron figuras como John Wayne, Lana Turner, Humphrey Bogart, Gary Cooper, Ava Gardner, Bing Crosby y Elizabeth Taylor. Eran los años en que la frontera atraía a quienes buscaban entretenimiento y en los que Mexicali comenzaba a construir una fama que trascendía sus límites.

Pero mientras las noches transcurrían en bares, casinos y salones, debajo de la ciudad existía otra historia. Los sótanos y túneles de La Chinesca continuaban formando parte de la vida de la comunidad china, hasta que en 1923 un gran incendio hizo visible una parte de ese mundo subterráneo que durante años había permanecido oculto.

El fuego dejó al descubierto espacios que ya eran utilizados como viviendas, comercios y lugares de reunión, revelando una dimensión de La Chinesca que para muchos resultaba desconocida. A partir de entonces, aquellos túneles comenzaron a ocupar un lugar especial en la memoria de Mexicali y con el paso del tiempo, también en sus leyendas.

Al pasar los años de hablaba de pasadizos que conectaban distintos puntos de La Chinesca y de espacios donde supuestamente funcionaban casinos, bares y fumaderos de opio, aunque no todos estos relatos cuentan con comprobación histórica forman parte de la tradición oral que ha acompañado al lugar y que encontró en sus túneles el escenario perfecto para mantener vivo el misterio.

Entre todas esas historias hay una que quizá resulte especialmente fascinante: la leyenda de que algunos de los túneles podían llegar hasta Calexico. La idea de una ruta secreta bajo la frontera alimentó durante generaciones la imaginación de quienes escuchaban hablar de La Chinesca y convirtió estos espacios en protagonistas de una historia donde la realidad y la leyenda comenzaron a caminar juntas.

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